El Momotombo parió a la luna, la expulsó de sus entrañas en una erupción cósmica elevándola al firmamento, desde entonces ilumina nuestros lagos y volcanes, cuida de la cosecha y es guía en los mares.
Los espíritus del volcán invocan a la luna una vez cada cientos de años. Cuenta la leyenda que el Momotombo parirá otra luna, los humanos le llamaran caronte 312 pero como el Momotombo es náhuatl, rebelde e indígena, ella orgullosa de su identidad se hará nombrar metztli y cubrirá de luz las noches.

Entonces ambas lunas como dos ojos espirituales cuidaran de los seres en los días finales, cuando estas cosas pasen, las entrañas del volcán desataran un tremor que colapsará el continente y entonces el istmo centroamericano pasará al recuerdo y al mito como hoy hablamos de una tal Atlántida.

Ya mas de 300millones de años desde aquel despliegue de luz y fuerza universal. Se guardan misterios de la humanidad, su origen y futuro en las paredes del volcán. En su cráter se mueven los invicibles, que viajando en la línea espacio tiempo, han dejado polvo y energía de una vieja raza migrante planetaria. 

No es solo el ronco y sonoro que cantara Darío, ni el destructor de los primeros pueblos coloniales cual Pompeya americana; el Momotombo alberga en sus faldas innumerables recuerdos y profesías vivientes. Cada tremor indica ese movimiento, trabajo de los elementos, para el cambio total, un día que nace bañado de Xolotlán. 

Comenzará en estas tierras, de la erupción lunar de un volcán del lago Xolotlán, un cambio de época, de tiempos y libertades, donde la luz irrumpa en los males, la órbita universal mueva los sentidos del Amor, se quede para siempre la infinita verdad y del corazón de fe del ser humano exploten la conciencia y la razón.