Se encendió la llama en el palpitar del profundo universo, allí como ahogado por el tiempo se precipitó el firmamento. No era azul como lo pintaban, era brillante de mil colores, había en el, centellas crispantes, mil amores fulminantes y una danza de sones universales.

Se encendió la llama en el colibrí, parecían sus alas evocar la evolución, como vientos tempestuosos que se llevan lo que fui, como vientos que fuimos y seremos. Triunfante! El colibrí voló y sobre sus alas lleva esperanza y fuerza. 

Se encendió la llama en el océano, verde acuarela su corazón, sereno y arrasador, con un sonido invocador de los dioses y amores antiguos. Esa ola de ideas que se riega por las arenas de la humanidad, va recorriendo fulgurante las palabras de ser, hacer e ir más allá!

Se encendió la llama en las hectáreas, de corazones unidos por la sagrada tierra, brasas espirituales y ancestrales, que rodean con su soplo el ardiente cáliz de tu enigma.

  
Se encendió la llama en la memoria, alma brilla con fuego de victoria! Se encendió esa llama y yo lo sé, de fuerza mística, espiritualmente potente y llena de fe, esa llama que se enciende y sobre enciende con las sonrisas de los seres.

Esa llama anterior y futura, con más fuego y pensamiento, realidad y conciencia, estamos y hacia allá vamos, llenos de sonrisas que nos encienden! Esa llama que es tuya, viaja por mares, en cielos, en universos inmortales. Esa llama que es nuestra en la misión suprema de ser y servir, de ver y oír, de ir y construir!

Cuando el ocaso, soles y constelaciones sean solo un abrazo de tránsito, de luz y de canto, será deber nuestro el sentir y el cantar, con alma y fuego sideral. Ese viaje de flameante corazón, circular y espiral! Encendido como tal en un saludo infinito y trascendente! Hacia allá vamos, siempre y buscando más, azul, intenso, lleno de inmensidad.