Luchemos por que viva ese valiente Sandino, repite la popular canción segoviana en su coro principal. Sandino a 82 años, es pensamiento y acciones en movimiento en la Nicaragua del 2016.

Conocí de Sandino cuando apenas tenía 6 años de edad, mi papá tuvo la dicha o la casualidad de haber sido conductor del ya desaparecido ferrocarril de Nicaragua, cuando aún no habían quitado los rieles de León a Managua.

Mi madre, quien en ese momento tendría como 27 años me tomó en sus brazos y juntos salimos en bus de Chinandega hacia la vecina León, llegamos a una estación de trenes vieja y casi a derrumbarse; mis recuerdos de infancia me trasladan al momento en que mi papá, un chavalo de 28 años nos abrazó y nos dio la bienvenida.

Nunca había viajado en Tren en mi país, estaba como todo niño emocionado del momento, estuve en el lugar más privilegiado, en la cabina del maquinista o conductor. Mi padre me iba enseñando como se usaba cada botón, palanca.

Nuestro Tren no era veloz, pero era mágico, sus vías cruzaban a la orilla del lago Xolotlán, recorriendo cada pueblo, cerca de los volcanes, el paisaje era increíble. Me quedó marcada para siempre la inmensa belleza natural que tiene nuestro país, desde los 6 años comencé a querer la imponente cadena volcánica de Nicaragua.

En ese largo trayecto de León a Managua, se amontonaban en cada estación, vendedores de frutas, quesillos y perrereques en Nagarote y la Paz Centro y pescado frito en Mateare.

Al llegar a Managua tuve el contacto con esa imagen que marca la historia de la Patria y de nuestras vidas, Managua en mis ojos de niño de 6 años, era cosa de otro mundo, sus pocos edificios y su malecón, su lago y sus volcanes.

Pero algo llamó mi atención para quedarse en mi memoria y mi identidad, allá a lo lejos en la montaña, una loma en el centro de Managua, se dibujaba la sombra de un hombre del cual no conocía nada, Sandino se llama dijo mi papá, el era guerrillero y sacó a los gringos del país, Sandino era un gran hombre me repetía. 

Me quedé impresionado con todo, pero el recuerdo de Sandino me siguió en mi infancia, luego nos trasladamos a vivir a Managua, las oficinas del extinto ferrocarril cedieron terrenos a sus trabajadores en el antiguo barrio San Sebastián. Allí iniciaba una vida diferente en la desordenada capital.

El 19 de Julio de ese año, mi papá me regalo una camiseta, en ella estaba el rostro de Sandino, me quedo el pensamiento y aquel grito vigente de #VivaSandino en la plaza de la revolución, llena de esperanzas en momentos difíciles.

Sandino en una Camisa y Sandino en la loma de Tiscapa, el icono que nacía en mi memoria se fue acrecentando, a mis manos llegó un libro de historia de Nicaragua, a mis 8 años me leí el libro en una semana, para analizar y entender que Sandino era la parte que más me gustaba. 

Conocí de su lucha en lo general y el nica de Niquinohomo impregnó mi deseo de saber y conocer más. El ser humano y su pensamiento, su misticismo, cosmovisión, Sandino es un ser de estudiarlo sin descanso, su imagen no solo es simbólica, es real, está en nuestra sangre, contra las injusticias, contra la desigualdad, es la rebeldía pura, es el Amor sobre todo y ante todo.

Seguramente cada uno de nosotros tenemos una historia que contar, de cómo conocimos del general. Empecemos por escribirla.