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La noche lluviosa penetró como rayo fulminante en el bosque profundo. Allí los animales trataban de escampar el aguacero.

Él creía que tapandose con una palmera podría asegurarse, ella con frío se acurrucaba al tronco de un guanacaste.

La lluvia con más fuerza caía, inundaba cada palmo de aquel oscuro lugar. Los seres vivientes creían en un gran diluvio universal, la pareja sonreía esperando el mañana.

Un pájaro de alas celestes se arrimó a estos jóvenes, los unicos de aquel mundo perdido. El ave con voz de trueno les dio instrucciones severas:

«¿Quién los ha mandado a destruir nuestras tierras? Ustedes no deben estar en este mundo, se confundieron al entrar, regresen por donde vinieron» repitió el animal muy molesto.

Los dos humanos se miraron fijamente sin entender como habían llegado a ese bosque de tristes hojas.

Él con voz temerosa le indicó al ave: «No recuerdo muy bien como llegué a este sitio, lo último que me acuerdo, es que estaba yo jugando con mi padre a la pelota y de pronto el viento se la llevó hasta este bosque, me adentré, pero los años han pasado y sigo aquí esperando que deje de llover».

«Yo recuerdo, dice la muchacha; que iba dar a luz en un hospital, parece que he muerto o algo parecido, no sé donde esta mi hijo, solo sentí una humedad que me recorría desde los pies y desde entonces me encuentro vagando en estos bosques»

-¿Acaso es esto un mundo diferente? indicó el joven.

-¿O será un purgatorio? Dijo la muchacha

El pájaro solto el vuelo, los jóvenes se abrazaron en la humedad de la noche, el sol no aparecía, ningún ser viviente se les acercaba.

Aquel mundo oscuro, soltaba olores de barro y sudor. La pareja que apenas se conocía, creía en el amanecer.

El primer haz de luz toco sus pieles mojadas, el vuelo del ave celeste cruzó sus cabezas, dejando plumas dispersas en el firmamento…

El sol fue la promesa, el bosque funesto tomó verdor, los animales salían de sus escondites.

Una piedra a lo lejos ilumida esta, con la inscripción futura, hay que despertar!

Marcos se llamaba el muchacho, le gustaba jugar con su padre en el campo.

«Despertate chavalo, que buen rato te has dormido en la grama» le dijo su papá sonriendole con una pelota en la mano.

Marcos despertó, pero estaba más adulto, sonriendo en la grama y viendo jugar a sus hijos. A su padre nunca lo llegó a conocer, murió cuando él no había nacido sirviendo a su patria.

Isabel, salió de aquel sueño para saber que seguía en su parto, los sedantes la habían trasladado a otro mundo, ella dio a luz un hermoso bebe.

«Le pondré Marcos como a su padre» repitió Isabel a la enfermera.

Aquella noche lluviosa cobijó la ciudad, fuertes truenos despertaban a los que querían dormir.

Las aves de alas celestes cruzaban hacia el este, buscando los rayos del amanecer…