Alicia se adentro por el bosque buscando de la Luz, un blanco y escurridizo conejo saltaba de arbusto en arbusto. Alicia entre brumas y mariposas visualizaba un gato azul, de esos que son tan celestes como el infinito y en cada uno de sus pasos el gato soltaba el maullido como cantándole a la luna.

¿Cómo harás Alicia ante tanta bruma que abruma? ¿Acaso hay, acaso existe alguien que entienda este país de las maravillas?

Pero Alicia estaba convencida de recorrer palmo a palmo ese mundo nuevo, se quitó los prejuicios, caminó hacia el frente sin volver atrás y en sus manos llevaba cargada la fe, la verdad y el amor.

Al fin se detuvo, ya no había tiempo, solo el ahora, con cada paso construyendo el camino sin hubieras ni ansiedades, solo la luz en su rostro, la luz en su frente como dibujando cosmos en el bosque de la nada y haciendo de nuestros sueños acciones en cumplimiento.

Alicia se dio cuenta que aquel mundo era más real que el suyo, estaba en su interior el poder de la bondad, dentro de ella era esa fuerza capaz de transformarlo todo y apaciguarlo todo.

Entendió el misterio del Ser y se embarcó en el viaje más maravilloso hasta ahora recorrido.

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